El blog cumplió su primer año. *lágrima*
Persigo la magia nació como mi salvavidas. Yo andaba confundida, sin saber cómo hacer algo propio pero con mucha necesidad de hacerlo. No sabía cómo escribir y que fuera real. No sabía cómo hacer para salir de la superficie y entrar en algo más profundo.
Me daba miedo escribir, que otros me leyeran, me conocieran (el primer post del blog lo dice todo). Y esa es una tragedia para alguien como yo; alguien para quien escribir es lo único que puede hacer, lo único que puede imaginar, lo único que sabe bien adentro que es para ella.
Pero donde hay tanto miedo y tanta resistencia, es porque del otro lado algo late, algo con vida.
Del otro lado de la escritura estaba lo que sea yo buscaba.
Así que empecé a planearlo.
La única forma que podía hacerlo era rompiendo mi sueño —tan imposible, tan imponente— en pedazos. Tenía que pensar en chiquito para hacer algo grande. Y se me ocurrió: voy a escribir una vez por día durante un año.
Podía escribir acerca de cualquier cosa. Solo necesitaba la excusa para, de a poco, construir el puente que me llevaría del otro lado.
Cumplí los primeros 40 días en la oscuridad. Solo mis palabras y yo, porque no le conté a nadie.
Necesitaba asegurarme de que mis motivos eran genuinos, no tener que impresionar. Quería un período de incubación para encontrar mi voz, que fuera honesta, que fuera real, que fuera propia.
Y cuando lo compartí, lo hice en voz baja. Me daba miedo que ojos nuevos afectaran esa voz que me había dedicado a cultivar. Poco a poco fue creciendo de forma orgánica, como resultado de las recomendaciones de los lectores (gracias ♥ agradezco tanto que estén acá).
Cada vez que me picaba la ansiedad, me repetía: solo un post, solo un post, solo un post.
Con los meses, y con la acumulación de los textos, fui distinguiendo los temas que se repetían. Me interesaba, más que nada, el desarrollo personal, la creatividad y cómo vivir una vida según mis —y tus— propias reglas.
Descubrí esto al escribir. Al hacer. Me parece importanto resaltarlo. Muchos aprendizajes son resultado de poner el cuerpo, y no los podemos anticipar ni teorizar con la cabeza.
Después escribir por escribir ya no tenía sentido… Me había servido para empujarme, pero la cantidad, solo porque sí, ya no era motivo suficiente.
Ya hay bastante ruido, ya estamos abrumados. Preferí publicar menos, pero cosas relevantes y de valor.
Sigo escribiendo todos los días, en la privacidad de mis cuadernos, pero quiero compartirlo si es constructivo y no para recordar que estoy viva. Eso nace del ego—y no quiero hablar desde el ego.
Desde que nació Persigo, pasaron muchas cosas:
- Entré en crisis
- Empecé y terminé El camino del artista
- Se armó una comunidad que amo—me acompañan y me leen y me escriben y me hacen feliz
- Empecé con las hojas de la mañana y me mejoraron la vida
- Filmé 6 videos, de los cuales 2 fueron en vivo (¡y uno un papelón!)
- ¡Estoy organizando un encuentro en Buenos Aires en noviembre! Esto me parece impresionante
- Me tomé en serio esto de escribir. Por primera vez lo veo como algo posible
- Escribí 228 artículos, y 66 borradores (que todavía no se conviertieron en artículos finales)
- Conocí mis miedos
- Prioricé quererme, tratarme con gentileza, con suavidad. Prioricé sentirme bien, como primer objetivo.
- Empecé el hábito de mandarme audios agradeciendo cada mañana con mi amiga Cloé—una de las mejores decisiones
- Aprendí que compartir mi experiencia personal no es egoísta ni un llamado de atención. Es un regalo.
- Se me abrió un mundo de posibilidades—me liberé de las rejas mentales que había usado para determinar que podía pasar y que no
- Conocí gente espectacular, interesante, y entusiasta
- Y por último…
Confirmé que la única forma de llegar a donde quiero, de ser quien quiero, es a través de mi propio hacer.
Por eso estoy acá. Por eso sigo escribiendo. Poco a poco, sigo construyendo mi puente para llegar al otro lado.
Voy a seguir construyéndolo durante muchos, muchos, muchos años más.
¡Nos vemos allá!
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