Se me estruja el pecho cuando abro un libro nuevo y leo la dedicatoria. ¿Quiénes serán los portadores de esos nombres que caminaron por la misma tierra que yo y a los que se les ha dedicado algo tan enorme como un libro?
Hoy abrí Estaciones de paso, de A. G. “A Luis, sobre todo”. ¿Quién es Luis y por qué sobretodo? ¿Está muerto? ¿Es un amor, un antiguo amor, un hijo, un hermano? Esa intimidad en los pocos renglones que anteceden al texto me mata siempre.
Isabel Allende, que escribe un libro al año, ¿vuelve a dedicarles nuevos libros a quienes ya lo ha hecho? Si no ¿de dónde saca tantos seres queridos? Yo no sé si podría dar mis libros así como así a conocidos. El plan infinito: dedicado a su pareja y a su madre. Mi país inventado: a nadie. Supongo que esa es una opción también.
Creo que yo se los dedicaría todos a Loreta. (Para los que a esta altura no lo saben, Loreta es mi mamá.) Excepto si hay alguno cuyo tema principal es el sexo o el erotismo. Bah. Se lo dedicaría especialmente si se trata de sexo y erotismo, para que afloje.
Deja un comentario