“Tenés que tener un cuarto, o una determinada hora o algo por día, donde no sabés lo que pasa en los diarios, no sabés quiénes son tus amigos, no sabés lo que le debés a alguien, no sabés lo que alguien te debe. Este es un lugar donde podés simplemente vivir y traer a la luz quién sos y quién podrías ser. Este es el lugar de la incubación creativa. Al principio puede ser que nada suceda ahí. Pero si tenés un lugar sagrado y lo usás, eventualmente algo va a suceder. “
—Joseph Campbell
A este tiempo o espacio Campbell lo llamó bliss station, un lugar de alegría, de felicidad, de gozo. Un lugar para desconectarse del resto del mundo y conectarte con vos mismo.
Me gusta que lo describa como sagrado, por varios motivos.
El primero, porque en un mundo donde es cada vez más difícil desconectarte —la pantalla nos acompaña desde la alarma a la mañana hasta que apagás la luz a la noche— estar offline es un privilegio, además de una necesidad.
El segundo, porque al hacerlo, le imprime un caracter urgente y trascendental. Y es cierto. Parece una boludez, pero un poco de tiempo y de espacio de tu día, dedicado exclusivamente para vos, es hoy un acto de rebelión. Es una revolución contra quienes gastan billones a través de las redes sociales para competir por nuestra atención sin que nos demos cuenta.
Tercero, porque sabe que lo más interesante, lo que tiene electricidad y potencial, nace del aburrimiento. Y esto —vos, solo, sin distracciones y aislado temporalmente— te lleva a ese estado. Si querés escribir, ser un artista o crear algo, esto es lo mejor que te puede pasar. Es, de hecho, el objetivo. La creatividad es resultado del aburrimiento.
Este de la foto es uno de mis bliss stations y cambia de acuerdo a la temporada.
Ojo: no hace falta que sea un espacio físico e inamovible. Puede ser también un momento —la mañana, por ejemplo— o un ritual portátil, que puedas llevar a donde sea que estés.
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