Además de recordarme lo que es eliminar al ego, la noche de jazz del otro día me dejó pensando en esto:
Tocaban 10 personas. Cuatro saxos, una batería, una guitarra eléctrica, un bajo de 5 cuerdas, una flauta, un teclado… Era una banda que tocaban en conjunto, pero llegaba un momento donde cada músico tenía su solo. Su momento de gloria para improvisar y tener el foco musical y de la audiencia, mientras el resto tocaba de fondo y le dejaba espacio.
Habían algunos más tímidos, con más vergüenza de mandarse al frente pero el resto de la banda, con gestos, los animaban.
Ser parte de un algo, juntos, y darnos el tiempo y el espacio para celebrar a cada uno. De eso se trata.
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