“Me estoy tomando / voy a tomar una pausa indefinida en instagram. Quiero darle un break a mi cerebro. Quiero tener más tiempo y atención para dedicarle al coaching y a otros proyectos muy entusiasmantes. Y también porque quiero ver QUÉ PASA. Anduve investigando y la adicción a las redes me da miedo. Entonces, obvio, quiero experimentar.“
Escribí eso en mi última publicación de Instagram. Era abril. Hace más de 2 meses, desinstalé la app por un tiempo indefinido.
Quiero compartir algunos de los motivos y aprendizajes acerca de este experimento, porque es una conversación que estamos teniendo muchos.
Hoy, cuando crecen de forma desmedida los números de de depresión, de cuestiones de salud mental, de adicción y aislamiento, es muy importante hablar de este tema. Es importante sacar el tema y ponerlo sobre la mesa, discutirlo, debatirlo.
Somos varios los que tenemos relaciones complicadas con el celular, y las redes en particular. Somos varios los que compartimos esta inquietud: no quiero perder tanto tiempo, espacio mental ni tranquilidad emocional en esta red que parece devorarlo todo.
¿Pero cómo hacer? ¿Se puede?
Cuando le comentaba de mi experimento a otros, una y otra vez, vi lo mismo: interés. “Cuando escucho que alguien se va de Instagram, me inspira. Quiero hacer lo mismo” escuché seguido.
Es una puerta. Una ventana. Una posibilidad.
Pero vuelvo un paso atrás…
Algunas de las preguntas que motivaron mi distanciamiento con Instagram:
Solo 3, pero hay —y habían— más:
Nota: en este post voy a hablar de instagram como herramienta de trabajo, aunque también es relevante para cuentas personales.
“¿Existen otras maneras de compartir que no sean Instagram?”
Si decido que instagram no sea la plataforma principal para compartir mi trabajo… ¿qué pasa? ¿Se puede, hay otras maneras?
¿Hay que estar en redes para dar a conocer lo que hacés, comunicar tu visión, lograr que tu servicio sea rentable?
Lo que más quería en ese momento era probar: proteger mi libertad y la decisión de cómo comunicar mi trabajo. Instagram era lo único que conocía y básicamente el lugar principal en el que compartía lo que hago.
“¿Se puede encontrar equilibrio en una plataforma diseñada para ser adictiva?”
Otro motivo fueron mis ganas de encontrar un “balance”.
Nunca tuve notificaciones, mi móvil siempre está en silencio, no sigo a muchas personas… y sin embargo, podía perder horas scrolleando. Horas de mi vida que no recupero. Me desesperaba el silencio disimulado en el que sucedía todo – no nacía de una decisión real, se sentía como si me hubieran robado. Un estado de trance, scrolling, scrolling, y después salir sorprendida, pensando ¿cómo se pasó tanto tiempo? ¿Qué hice?
Instagram está diseñada para ser adictiva. “Encontrar un balance” entonces se vuelve un desafío mayor, porque buscamos “equilibrar” frente a algoritmos que monitorean cada segundo de actividad.
“¿Se puede crear comunidad en Instagram?”
Crear espacios de encuentro, de diálogo, de compartir y de escucha: es lo que hago y es lo que me mueve.
¿Pueden construirse comunidades con esas características en esta plataforma, creada por corporaciones con fines lucrativos y con reglas con las que no estoy de acuerdo?
Caro Chavate cuenta en la conversación que tuvimos en su podcast, Cosas que dan cuerda al mundo: al compartir noticias sobre las protestas en Colombia, Instagram la censuró y bloqueo su cuenta varias veces. ¿Se puede?
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Algunas conclusiones que recogí en este tiempo:
Como dije antes, esto es un experimento.
Pero es en la práctica en donde puedo observar, tomar nota en el camino y decidir desde un lugar más propio.
#1. Estar en Instagram no es obligatorio.
Lo parece, pero no lo es. Hoy se da casi por sentado que necesitás instagram para darte a conocer, o a tu trabajo.
Sí, Instagram ofrece muchísimas posibilidades, sin duda. Pero no es la única.
Hay muchos emprendedores, negocios, profesionales y artistas que lograron ser exitosos sin redes. ¿Cómo hacen? No sé la respuesta completa, pero el hecho de que existan ya es evidencia y podemos buscar por otros lados.
#2. Es una herramienta más… entre muchas otras.
Este experimento me obligó a pensar en alternativas de cómo compartir mi trabajo más allá de esta plataforma, algo que no había pensado seriamente antes.
La gran ventaja de IG es que es la vidriera principal hoy: es fácil, accesible y muchísima gente ya está ahí. Pero ¿qué pasa si te censuran tu cuenta, como le pasó a Caro? ¿O si te la hackean, como le pasó a tantos otros?
Si ponemos todos los huevos en una sola canasta, el riesgo es muy alto. Diversificar es necesario. Que instagram sea una plataforma más donde compartís tu trabajo o contenido, pero no la única.
#3. Pensar a largo plazo.
Apareció un espacio mental que me permitió pensar a largo plazo. Esta perspectiva más amplia me dio la posibilidad de pensar en qué quiero construir de a poco y a tener más paciencia… Olvidada la presión incesante de estar todo el tiempo presente, de ser relevante. Sin la ansiedad de confundir lo urgente con lo importante.
Esto ayuda también realmente a pensar… ¿qué quiero generar en el mundo? ¿Qué cambio, qué impacto, qué legado quiero dejar? ¿Para qué hago lo que hago?
#4. Lo que extrañé mucho: a las personas.
Extrañé mucho la comunidad que se armó acá. El ida y vuelta. El feedback. El apoyo. El compartir. Las recomendaciones. Las ayudas. El entusiasmo.
Hay tantas personas que conocí a través de instagram y con quién armamos vínculos. Eso sí que me faltó mucho y es el motivo principal por el que quiero volver.
Creía que no se podía construir una comunidad en instagram (donde la base misma es una corporación que vende nuestra atención) pero me equivoqué: sí que se puede.
Lo veo en esta comunidad increíble, resiliente y generosa que hay en Persigo. Lo veo también en las comunidades de las personas cuyo trabajo más admiro en instagram: Sole Barruti, No Spoon, Rachel Cargle, Glennon Doyle, Gala Darling… y muchas más.
Además: gran parte de las personas que me inspiran en Instagram son activistas. De alguna manera u otra, están en sus luchas: contra el patriarcado, el capitalismo, la desigualdad, la injusticia social, la sostenibilidad.
Instagram puede ser hija de corporaciones, pero es también nido de tanto activismo social y educativo. Hay comunidades enormes, activas, generosas, que demuestran que sí se puede generar movimiento.
Me sigue interesando explorar qué otros espacios (virtuales y offline) existen para cultivar comunidades. Es algo que estoy desarrollando ahora mismo, y con proyectos a más mediano y largo plazo. Pero mientras, esta es una opción. 🙂
¿Cómo seguir?
No tengo las respuestas sólidas. Tampoco creo que son necesarias, siempre y cuando las preguntas estén cerquita. Sé que voy a ir respondiéndolas a mi ritmo, a mi manera y que cada quién se encuentre con estas preguntas, también lo hará… y con el permiso y la flexibilidad de que esas respuestas puedan cambiar.
¿Cómo seguir? En mi caso, el primer paso es compartir estas reflexiones. Luego, identificar para qué usar Instagram y que eso me sirva como brújula. Ser consciente. Y por último, crear hábitos y sistemas de cómo utilizarlo que apoyen esa decisión (por ej. no tener IG en el celu pero sí en otro dispositivo. Esta etapa todavía esta en desarrollo).
Ahora tengo ganas de volver a compartir por Instagram. En el futuro, ¿quién sabe?
Lo valioso está en cuestionarse. Las preguntas y la curiosidad: ¿para qué? ¿Estoy eligiendo desde la libertad?
Las respuestas luego son de cada uno y son moldeables.
Y si algo de esto te resuena, ¿por qué no hacer tu propio experimento? Prueba: un día sin Instagram. Una semana. Dos meses. Un año.
¿Qué pasaría..?
Recomendaciones para seguir profundizando…
- Deep Work (Trabajo profundo) + Minimal Digitalism (Minimalismo pigital) de Cal Newport 📚
- How to Do Nothing (Cómo no hacer nada) de Jenny Odell 📗
- How to Change your Future: una charla para millenials de Simon Sinek
- Mariana Matija: “30 días sin instagram” + “No necesito instagram (pero lo voy a seguir usando igual)”
- Marketing Without Social Media (curso) + 25 formas de conseguir clientes sin usar las redes sociales (inglés)
- The Social Dilemma (peli, Netflix) 🎥
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