Seguí las reglas bastante bien y las reglas me fallaron.
Mi plan es, entonces, cambiar de estrategia.
Lo confieso:
Me encanta juntarme con Cloé a que me lea las cartas del tarot. Busco toda información astrológica posible (recomiendo grupo venus) con ojo de águila muy seguido. Creo en la ley de atracción, tomo las casualidades como señales y sí, menciono al universo como si fuera un ente propio.
Pero no lo digo. Escribo hace años e hice un esfuerzo, durante ese tiempo, de evitar mencionarlo.
A pesar de que no me hicieran sentir bien, seguí las reglas de la lógica. Era la forma de hacer las cosas, lo que “tenía sentido” (¿para quién?). No hablé (tanto…) de estas cosas antes porque quería que me tomaran en serio.
En nuestra cultura, lo que no se puede medir ni explicar carece de valor y es considerado inferior.
No quería que me descuenten por eso, así que intenté adscribirme a la lógica, al sentido común, a lo cerebral—al menos puertas afuera.
Y me ahogué. Me choqué contra la pared igual.
Así que cambio de estrategia.
Estoy aprendiendo a decirle que sí a lo místico, en todo sentido, sin dividirme en partes.
Una forma, la principal, con la que navego mi crisis es tirándome al vacío y confiando en que hay algo para agarrarme en algún momento.
Le doy la bienvenida a lo inexplicable, puertas adentro y afuera. Es mucho más divertido.
(No puedo aludir a la ironía de este post en un blog llamado Persigo la magia. Sepan disculpar.)
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