Ya hablamos acerca de cómo transformar tu envidia en acción. Pero ¿y si vos sos el foco de envidia ajena?
Hace poco me escribió una lectora:
Me gusta pensar que cada alma tiene su camino y por eso no me comparo. Pero quizá los demás no lo ven así y enseguida piensan que tu vida es perfecta y te envidian. Siento que, desde la culpa, tengo que agradecer y valorar mucho más de lo que hago para merecer lo que tengo. Soy muy consciente y valoro mucho mi suerte pero siento que tengo que justificarme todo el tiempo. Y por eso no hago todas las cosas que quisiera, porque no quiero mostrar ciertas cosas…
Hay muchas cosas para tocar, así que vamos por partes:
“Cada alma tiene su camino y por eso no me comparo…“
Sí. En eso, mi querida lectora, tenés razón: cada uno tiene su camino y compararse es inútil. Hay suficiente para todos.
“Otros piensan que tu vida es perfecta y no es así…“
Sabemos que instagram no es un reflejo de la vida real, y sin embargo caemos en la tentación de creer que sí. Y claro, otros hacen lo mismo con nosotros.
Seguro sabés mejor que nadie que no todo lo que brilla es oro y que haber nacido con ventajas no significa que tu vida haya sido fácil. Quienes hablan de vos no saben lo que realmente pasa detrás de escena.
Pero ¿sabés qué? A quienes te generan esta culpa no les interesa.
No quieren conocer tus dolores ni tus dificultades. Prefieren convencerse de que te tocó una varita mágica y que todo te es fácil. Entonces pueden lavarse las manos, quedarse donde están y regalar su acción, voluntad y autonomía. Desmentir su teoría los obligaría a enfrentarse con la verdad: que tal varita no existe. Sí, hay quienes no tienen nada y sufren mucho. Pero también hay quienes lo tienen todo y sufren mucho igual.
No tenés que justificarte ante nadie.
No.
Tenés.
Que.
Justificarte.
Ante.
Nadie.
Siempre va a haber alguien que te critique. ¿Vas a dejar que eso te frene? ¿Vas a dejar de vivir tu vida, por miedo de que a esa persona le parezca demasiado? ¿Vas a explicarle a cada envidioso por qué no tiene que tenerte celos? ¿Que tu vida también tiene sus roturas? Claro que las tiene. Sos un ser humano.
Lo que piensen los demás está fuera de tu alcance. No podemos ver lo que no tenemos ganas de ver.
“Siento que, desde la culpa, tengo que valorar mucho más de lo que hago para sentir que lo merezco…“
Por favor no sientas culpa. No sirve de nada. En vez, hacé algo al respecto. Una forma de deshacerte de la culpa es dando a los demás.
Agradecer es lindísimo, pero que sea porque de verdad sos consciente de tus regalos, y no para aliviar la culpa.
“Y por eso no hago todas las cosas que quisiera…“
Mi querida lectora…
Sí. Tuviste oportunidades que otros no tuvieron. Hay quienes nacen en cura de oro y hay quienes nacen en un galpón. La vida no es justa. Lo que a vos te tocó y a otro no es mérito tuyo: es puro azar. No te hace mejor ni peor.
Tener esto presente es extremadamente importante. Esto también:
Con esa suerte vienen responsabilidades.
Por lo que me decís, la forma que en la que estás lidiando con esto es bajando la cabeza: dejando de hacer las cosas que querés.
¿Vas a dejar de aprovechar tus recursos porque otros no los tienen? ¿Te parece que rechazar tus privilegios es la mejor forma de honrar tu suerte? ¿Igualar para abajo?
Quiero que te hagas estas preguntas y que te tomes el tiempo para responderlas.
Para mí, bajar la cabeza e igualar para abajo no es una opción. Para mí, la forma de hornar esa suerte es aprovechar esos recursos, privilegios y oportunidades y que los uses para igualar para arriba. Para que la próxima seamos más los que nazcamos con ella.
Es tu deber averiguar el cómo. Por eso quiero que reflexiones en serio sobre este tema, porque las respuestas van a guiarte el resto de tu vida.
Y cuando lo hagas, no creas que la única forma de igualar para arriba es con plata. Podés dar tu tiempo y tu atención. Podés compartir tu plataforma para que otros con menos voz la usen. Podés enseñar. Podés aprender a callar cuando a alguien más le toca hablar y realmente escuchar.
Podés hacer —sin justificarte, y con tu 100%—lo que te morís de ganas de hacer. Cada vez que te animás a ser valiente, contagiás esa valentía. Y en este momento, necesitamos de toda la valentía que podemos.
Esto es un ejercicio de humildad. Es incómodo, es injusto y duele, sí. Pero sentir estas cosas es lo que nos permite estirar la mano y conectar con otro.
Nos saca de nuestro propio ego y nos abre a los demás.
Somos 7 billones y la suerte está muy desequilibrada. Queda mucho trabajo por hacer.
Espero verte dándolo todo.
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