Años atrás le mandé un mensaje a un amigo escritor para preguntarle cómo escribir algo sin que me diera repulsión. ¿Era posible? Yo sentía un caldo caliente de desprecio que se removía adentro mío con cada palabra que ponía en papel. Siento que fue hace mucho tiempo. ¿Cómo pasé de odiar mi escritura y boicotear mi propio proceso a disfrutarlo?
La práctica de escribir todos los días tiene que ver, me imagino, pero más que nada lo que más ayudó fue darme cuenta que la escritura no es solo ficción o poesía. A fin de cuentas, nunca me costó escribir de mis días o pensamientos. Esos fluyeron siempre fácilmente y de vez en cuando tenían su matiz poético. El odio irrumpía cuando me forzaba escribir algo de ficción, que nunca me salió con facilidad. Sentía una división gigante entre la ficción y lo que hacía yo. Como si escribir en mi diario o blog no fuera escribir, si no solo… tipear.
En los ultimos años dejé de leer ficción casi por completo y devoré la no-ficción: ensayos, biografías, reflexiones acerca de la creatividad, de cómo funciona la mente, de crecimiento personal…
Mary Karr y Leila Guerriero son dos autoras que admiro mucho y que sin embargo jamás pisaron el terreno de la ficción. Chris Guillebeau, Patti Smith, Seth Godin, Elizabeth Gilbert (a quien empecé a seguir a partir de sus autobiografias), Brené Brown, Austin Kleon… Todos ellos escritores y casi ninguno escribe ficción. Y su trabajo me inspira, me hace creer, tiene una gran influencia en mi vida diaria. También bloggers como Aniko Villalba, Gala Darling, Juan Villarino….
Conocer a estos autores me ayudó a cambiar esa idea que un escritor es alguien que solo escribe ficción. Un escritor es alguien se se sirve de palabras para entender su paso por este mundo, que piensa en palabras, siente en palabras y extrae sentido de sus experiencias a través de ellas. Soy escritora porque pienso y aprendo y construyo el significado del mundo a través de palabras. Todo lo que me rodea se desconstruye en palabras y todo lo que tengo adentro se transforma en palabras. Esa es mi experiencia.
Eso ayudó a diluir mi repulsión cada vez que me forzaba a “escribir” de verdad.
Otro factor gigante fue el de separar los dos roles: el creador del editor. Como dice la Regla 8: No trates de crear y analizar al mismo tiempo. Son procesos diferentes. Escribir forma parte de la primera categoría: la de dejar espacio para jugar y combinar y probar y explorar e intuir y animarse a que las cosas salgan o no salgan. Esa mente juiciosa que editaba cada palabra que me salía forma parte de la contracara del proceso, que es el de la revisión y que en esta primera etapa no tiene lugar.
Creo que también aprendí a quererme un poco más y a tenerme compasión. Animarse, probar y practicar ya es un salto enorme.
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