Un cuarto amueblado, blanco. Piso, techo, mesas, estantes, hasta u a abanico colgado en la pared: todo es blanco. Adentro está repleto, personas—de más y de menos años— que lo recorren. Cada uno tiene una plancha de stickers circulares y coloridos en la mano, se la dieron en la entrada. La idea es cubrir toda esa superficie blanca con los stickers de círculos de colores. Estamos en el cuarto de la obliteración de Yayoi Kusama.
¿Era esto? fue lo primero que pensé. Me había esperado una exposición completa y me encontraba en algo que me generaba la misma sensación que el cuarto de juegos de McDonald’s: mucha gente y mucho color en muy poco espacio.
Después me di cuenta de que habían más adultos que chicos adentro del cuarto. Afuera, una cola de más grandulones esperaba para entrar. Mi mamá, de 59, a mi lado buscaba rincones limpios donde pegar sus círculos. Mí mamá, a la que no le gustan los chicos.
¿Qué es el arte? Algo como esto, también. Esta habitación de 4 paredes en la que se puede entusiasmar al pegar colores. ¿Cuál es la diferencia entre esto y un juego “para chicos”? ¿Cómo hizo Yayoi Kusama para hacer que los adultos se olviden de sus disfraces de grandes y vuelvan a jugar, sin darse cuenta de que lo están haciendo? ¿Qué reglas movió—de forma tan sutil y tan fresca— al recrear este cuarto?
Deja un comentario