Lo mejor de trabajar en un negocio en una ciudad tan turística como Siena es que te encontrás con personas que vienen de cada rincón del planeta.
Una mujer china que reta a un napoletano porque su voz no es adecuada para el mandarín. Una yanqui con el labial corrido que le agarra un ataque de tos fuerte pero que para curarse, mete el brazo en su bolsa de plástico y se devora una galleta. Una señora italiana con un perrito en su pecho que, sin decir una palabra, llena dos cestas de productos. Un cubano que le deja a un compañero cinco euros de propina por abrir una botella de cerveza (que no vendemos).
Conocés a personajes que te terminan de convencer que la realidad supera la ficción.
Vienen de Israel, Corea del Sur, Arabia Saudita; de California, China, Australia, Indonesia, Brasil; de Rusia, de México, de Canadá…
Fragmentos de toda la humanidad que se acercan a vos.
¡Otra forma de viajar!
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