Harry Potter no existe. Lo sabemos todos.
Pero esos libros me cambiaron la vida, en el sentido más literal.
Una noche, mientras esperaba que saliera el siguiente, para calmar mi sed, me metí en internet.
Encontré foros en donde me hice amigas de Brasil, de Inglaterra, de Estados Unidos. Nos mandábamos libros y cartas por correo y con algunas sigo en contacto hoy.
Descubrí el mundo del fanfiction y me perdí dentro de las historias escritas por fans. De a poco, escribí mis propios textos, mi primer acercamiento a la escritura de ficción. El primero a la no ficción, en cambio, fue para seguir en contacto con mis amigas. Un blog privado en dónde cada una contaba de su vida. Aprendí a narrar sobre mi vida, en palabras y en fotos.
Harry Potter no existe pero sus efectos sí.
Gracias a estos libros descubrí mi pasión por la literatura. Aprendí código HTML para que mi blog fuese más lindo, a usar Photoshop para hacer íconos y aprendí que hay formas buenas y no tan buenas para contar una historia. Gracias a estos libros, estudié Comunicación en la universidad, que me llevó a Sevilla unos meses de intercambio, donde conocí al Tano y me enamoré y dos años después de graduarme me mudé a Italia.
Harry Potter no existe pero sus efectos sí y sus efectos en mí fueron grandes. Un trampolín desde donde tomé el salto hacia mi vida de hoy y a la que aspiro.
Pero Harry Potter no es la única cosa que no existe cuyos efectos sí.
Las ficciones que nos repetimos
Las ficciones que nos repetimos en la cabeza no existen fuera de ella, pero sus efectos sí.
Son efectos concretos y tangibles en el día a día. A veces pensamos que no existen, incluso porque ni somos conscientes de que están ahí. Pero eso no hace que sus efectos no sean reales.
Si la historia que repite tu mente es que “estás gorda” o “nadie te quiere” o “estás destinada al fracaso”, esas historias se van a reflejar en tu vida. Te vas a levantar sin ganas, vas a vivir en piloto automático y vas a seguir comiendo torta aunque te duela la panza.
Si en cambio pensás que “hoy es un día nuevo y tengo curiosidad de ver qué trae” o “mi cuerpo funciona bien” o “soy capaz de hacer ______”, los efectos serán otros. Probalo. Son inmediatos así que de verdad, intentalo. Repetí estas frases tres veces y fijate cómo cambia la química de tu cuerpo. ¿No te llenaste de energía? (¡Yo sí! Con solo escribirlo.)
Hay que estar muy atento a las artimañas del cerebro. Cuanto más atento estés a las fabricaciones que teje, más fácil será estudiarlas y ver cuáles son sus efectos.
Si son positivos o negativos. Si son útiles o no. Si querés aceptarlos o mejor dejarlos ir. Porque existir, existen.
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