Tenemos a las Decisiones en un lado del ring y a las Circunstancias del otro. Ambas se preparan para pelear. Suena el silbato. ¿Quién gana?
Lo más normal es que pensemos que ganen las Circunstancias porque son las que —en teoría— determinan todo. Deciden desde nuestra personalidad, la familia en la que nacemos, los profesores que nos enseñan hasta nuestra situación económica o política o social o cultural. Pero pasamos de largo la verdad inevitable de que estamos todo el día, todos los días, tomando decisiones sin darnos cuenta, Decisiones importantes que tal vez —tal vez—, influyan más sobre nuestras vidas que las Circunstancias.
Podemos decidir:
1. A qué le prestamos atención.
En lo que tenemos o en lo que nos falta, por ejemplo.
Nuestra atención es, como nuestro tiempo, una de las cosas más valiosas que tenemos. ¿Por qué entonces muchas veces dejamos que el resto decida a qué le regalamos nuestra atención? La tele, por ejemplo, o el diario.
2. El sentido que le damos a las cosas.
Lo que para alguien puede ser un problema, para otro puede significar un desafío. Para alguien una pérdida, para otro una oportunidad. Para alguien un chiste, para otro una burla. Antes de reaccionar automáticamente, pensá: ¿me sirve esta interpretación de los eventos o me está llevando para cualquier lado?
3. Cómo actuamos.
Toda acción que hacemos o dejamos de hacer depende del sentido que le atribuimos a lo que le prestamos atención. Tomamos decisiones cada segundo de nuestra vida, aunque no nos demos cuenta. Desde a que hora nos levantamos hasta a quiénes seguimos hasta que le comunicamos a nuestras parejas.
Lo dijo Viktor Frankl:
Se le puede quitar todo a un hombre excepto una cosa: la última de las libertades humanas el elegir su actitud frente a cualquier tipo de circunstancias, el elegir su propio camino.
Y también:
Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En esa respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad.
Y por si no quedó claro todavía:
La única cosa que no me podés quitar es la forma en la que elijo responder a lo que me hacés.
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